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Vino, estuvo, se fue y…

9 junio, 2017 Estuardo Gasparico

México es nuestro vecino y un gran socio comercial del país. pero ¿ayudan las visitas de estado a resolver problemas reales?

Enrique Peña Nieto, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, estuvo en Guatemala el 5 y 6 de junio. Fue su segunda visita de Estado (la primera fue durante el período gubernamental de Otto Pérez), y fue la cuarta vez que sostuvo reuniones con el mandatario guatemalteco Jimmy Morales.

Durante las semanas previas, hubo actividad febril no solo en la Cancillería guatemalteca, sino en diferentes instituciones de gobierno, así como en la embajada mexicana, debido a que se preparó una agenda intensa de reuniones en las que se tratarían temas de infraestructura fronteriza relacionada con temas energéticos, seguridad conjunta contra el narcotráfico, inversión empresarial, integración regional y migración.

Al final, lo que realmente sucedió fue que en los dos días mencionados sostuvo una reunión privada con Morales, tras la cual, Peña declaró que Guatemala y México acordaron avanzar en la modernización de la infraestructura fronteriza para mejorar el comercio y el tránsito de personas, y trabajar de manera corresponsable en el tema de la migración en ambos países.

Al día siguiente, fue nombrado Embajador de la Paz y colocó una rosa en el monumento respectivo en el Palacio Nacional; recibió las “Llaves de la Ciudad”, de parte del alcalde capitalino Álvaro Arzú; visitó el Organismo Judicial donde firmó el “Libro de Oro” y pronunció un discurso en el Congreso de la República, luego de tomarse fotos con todas las diputadas que se lo pidieron.

Casi por último, conoció el Centro Educativo Rotario Benito Juárez, auspiciado por el gobierno del Distrito Federal, y talvez lo más provechoso de todo es que participó en un foro empresarial en la embajada de su país, al que acudió Morales y un buen grupo de empresarios, donde escucharon que una importante empresa mexicana invertirá US$30 millones en una planta de productos lácteos en Quiché.

Como no podía faltar, el distinguido visitante dijo sentirse satisfecho con su visita, pues se “reafirmaron los lazos de fraternidad y de hermandad entre ambas naciones y la voluntad del gobierno de México de tener un diálogo fluido, más ágil y franco para atender la agenda tan amplia que tenemos” .
También afirmó que la frontera que comparten los dos países puede llegar a ser una zona segura y que los dos gobiernos se comprometieron a revitalizar y darle vigencia plena a los acuerdos suscritos para impulsar el desarrollo mutuo.

En cuanto al tema migratorio, afirmó “mexicanos y guatemaltecos acordamos trabajar de manera corresponsable” porque se reconoce la contribución de los migrantes al desarrollo y que “México reconoce sus derechos sin importar su condición migratoria”.

Entre los múltiples comunicados de prensa sobre esta visita oficial, talvez el más rescatable sea el del sector exportador, según el cual, productos como cauchos naturales, confitería, látex, aceite de almendra, cajas de papel o cartón corrugado, crustáceos, preparaciones para sopas, jabones, alcohol etílico, dentífricos, insecticidas, azúcar, ron, cepillos de dientes, entre otros, forman el 58 por ciento de lo que Guatemala exporta hacia México, por lo que al cierre del 2016 las exportaciones a ese destino habían crecido 4.8 por ciento, con relación al año anterior.

O sea que la próxima vez que el país tenga el gusto de ser anfitrión de un mandatario extranjero, talvez la población pueda enterarse de logros concretos y avances comprobables. De lo contrario, se percibe que todo fue un show que no dejó resultados tangibles y beneficiosos para nadie.

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