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La revolución del Viagra, 20 aniversario de la píldora azul

28 marzo, 2018 Agence France-Presse

Hace veinte años, un pequeña píldora azul llamada Viagra ocasionó una revolución en Estados Unidos: permitió a millones de hombres aquejados por disfunción eréctil volver a tener relaciones sexuales y develó el hasta entonces tabú de la impotencia.

Pero la revolución sexual generada dejó afuera a las mujeres con pérdida de la libido, que aún esperan un remedio milagroso que les permita volver a disfrutar de una vida sexual plena, sostienen los expertos.

Unos 65 millones de recetas de Viagra, del laboratorio estadounidense Pfizer, han sido prescritas en todo el mundo. El medicamento fue aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos, la FDA, el 27 de marzo de 1998, convirtiéndose en la primera píldora para ayudar a los hombres a conseguir una erección.

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Los beneficios de este milagroso superventas se han promocionado en la televisión, periódicos y revistas. Su comercialización coincidió con el auge del uso de internet y de la pornografía en línea.

Los términos para efectos de mercadotecnia también han cambiado: ya no es un asunto de «impotencia masculina» sino de «disfunción eréctil», una condición médica que ahora puede tratarse.

El senador republicano Bob Dole, veterano y candidato a la Presidencia de Estados Unidos en 1996, se convirtió en su primer promotor en televisión, al admitir ante el mundo sus propios temores.

«Es un poco embarazoso para mí hablar sobre disfunción eréctil, pero es muy importante para millones de hombres y sus parejas», explicó.

Y la estrategia funcionó.

Antes del Viagra, las conversaciones sobre los problemas de erección eran «embarazosas» y «difíciles», recuerda Elizabeth Kavaler, uróloga del Hospital Lenox Hill de Nueva York. «Hoy, la sexualidad en general es un tema muy presente».

Se ha «convertido en un elemento predecible en nuestras vidas a medida que envejecemos, y estoy segura de que el Viagra ha tenido un papel importante», agrega.

Estilo de vida

Para Louis Kavoussi, director del Servicio de Urología de Northwell Health Group, el Viagra ha tenido un «impacto importante» similar al de los antibióticos en el tratamiento de infecciones o las estatinas en el de enfermedades cardíacas.

«Por lo tanto, era el medicamento perfecto para anunciar a los consumidores. Era una especie de medicamento para (mejorar) el estilo de vida», dice.

El Viagra o sildenafilo -el nombre científico del compuesto- fue desarrollado originalmente para tratar la hipertensión y la angina de pecho, pero desde los primeros ensayos clínicos los hombres descubrieron rápidamente un efecto inesperado: que mejoraba sus erecciones.

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A partir de US$15 por unidad al principio, el precio se disparó hasta llegar a más de US$50, pero con el lanzamiento el año pasado de una alternativa genérica, el precio cayó a US$1 por píldora.

«Somos una sociedad muy puritana y creo que el Viagra nos ha relajado un poco», dice Nachum Katlowitz, director del Servicio de Urología y Fertilidad del Hospital de la Universidad de Staten Island. No obstante, admitió, «las mujeres quedaron fuera de la revolución para mejorar la sexualidad».

En 2015, la FDA aprobó la flibanserina -comercializada en Estados Unidos bajo el nombre de Addyi-, que fue llamada «el Viagra femenino» y presentada como un tratamiento para reactivar la libido de la mujer, aunque su lanzamiento ha suscitado controversia.

Debido a que Addyi pertenece a la familia de los antidepresivos, se recomienda a las mujeres no consumir alcohol al mismo tiempo. Además, cuesta cientos de dólares y puede causar efectos secundarios nocivos como náuseas, vómitos y pensamientos suicidas, entre otros.

«No ha funcionado muy bien», reconoce Katlowitz.

El problema en las mujeres se remite principalmente a la resequedad vaginal tras la menopausia, lo que puede hacer que las relaciones sexuales sean dolorosas.

Según Elizabeth Kavaler, tomar hormonas o incluso algunos tratamientos con láser pueden aportar soluciones, que se han vuelto cada vez más populares.

«Estamos al menos 20 años por detrás de los hombres», se lamenta.

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