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¿Trayectoria criminal?

16 junio, 2017 Christians Castillo

Nadie se percató de que la segunda finalista del concurso de Miss Guatemala de 1980 llegaría a ser una figura política controversial y hasta criminal.

La solicitud de extradición de Roxana Baldetti, realizada por el Distrito de Columbia, Estados Unidos, reavivó la malquerencia contra la otrora vicepresidenta quien, con cada declaración chusca, levantaba pasiones y descontentos.
Ahora enfrenta una acusación en el país del norte, porque “aceptó dinero y regalos de parte de traficantes de droga durante su campaña electoral (…) Durante las reuniones, Baldetti Elías específicamente acordó recibir dinero de los Zetas, una organización mexicana de traficantes de droga. Baldetti Elías prometió que, como vicepresidenta, restringiría las actividades de los cuerpos policiales para permitir que los traficantes de droga utilizaran las rutas terrestres, aéreas y marítimas para transportar drogas a través de Guatemala”
.
Los anteriores son fragmentos publicados en la petición de extradición, por lo que es señalada de los delitos de asociación delictuosa y conspiración para el tráfico de drogas en aquel país.

Esta nueva “raya al tigre”, se suma a los tres procesos por corrupción que ya enfrenta ante la justicia guatemalteca: el caso del lago de Amatitlán, el caso Cooptación del Estado en sus tres subcomponentes (TCQ, Cooptación y la Cooperacha) y el que le valió la renuncia, el caso de defraudación aduanera La Línea. Un cúmulo de hechos que refieren el nivel de poder y discrecionalidad con que gobernó la estructura del difunto Partido Patriota.

Nada nuevo bajo el sol: tanto la corrupción como sus vínculos con estructuras del crimen organizado, fueron difundidos por medios de comunicación masiva en el país. Los cuales, durante los tres años y medio que ejerció el cargo, referían que el nivel de enriquecimiento no correspondía a sus empresas personales ni a sus ingresos como vicemandataria.

Aunque los señalamientos se concretan a la campaña electoral del 2011 –para llegar a ser vicepresidenta–, ya había encarado dos campañas para diputada previamente, había sido publicista del Frente Republicano Guatemalteco (FRG) y funcionaria del gobierno de Serrano Elías.

Un perfil como este no pasa desapercibido, sobre todo cuando sus mañas ya se habían hecho públicas, desde que fungió como subsecretaria de Relaciones Públicas de la Presidencia, puesto en el que se le recuerda como censora de medios, cobradora de viáticos abultados y robo de equipo informático.

A pesar de los primeros señalamientos a su desempeño como funcionaria durante el gobierno de Serrano, su ascenso vertiginoso no fue cuestionado ni por liderazgos tradicionales en el país ni por países extranjeros, que interactuaron con ella a su paso por el Congreso de la República. Peor aún, adulaban su presencia, su liderazgo y figura, –ingredientes valorados en una mujer que triunfa en la política–.

Para ser competitivo en el sistema electoral guatemalteco, los financiamientos privados eran el ingrediente decisivo en el triunfo, que luego se traducían en favores, privilegios y tráfico de influencias. Pero ¿qué de todo esto no se sabía?

Poco a poco queda claro que la preocupación norteamericana por el drama de los niños migrantes sin acompañamiento de adultos, las masacres perpetradas por narcotraficantes en contra de civiles o las luchas encarnizadas entre narcos tradicionales y Zetas por el control de territorio son tan solo ingredientes de una trama criminal.

Rescatar a una sociedad que por décadas se acostumbró a los abusos de poder, a la corrupción y a la presencia de criminales en lo público, es una tarea que requiere cirugía mayor.

Mientras los modelos de ascenso social sean rostros como el de la “Prieta Linda”, hay generaciones enteras que necesitan un cambio total de valores.

Cuidado con quienes usted va a apoyar, a financiar o a votar en las elecciones del 2019.

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