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¿Selfies o el regalo de tus secretos por internet?

1 agosto, 2018 Isabel Soto

Tomarse una selfie es casi una tentación en estos tiempos de teléfonos inteligentes y redes sociales. Pero, ¡cuidado! Esas fotos muchas veces dicen de tu personalidad más de lo que quisieras.

Detrás del sinfín de intentos con la cámara de tu celular suele estar la vanidad, esa eterna compañera que a veces aflora más de lo aceptable.

Sin embargo, en la medida en que regalas al mundo los atractivos físicos con los cuales estás satisfecha o satisfecho -porque aplican tanto para mujeres como para hombres- también develas tu yo interior.

Es decir, con cada selfie van muchos de tus secretos mejor guardados y el mundo aprende que eres más que una cara amable.

La multiplicidad de imágenes tuyas, en disímiles posiciones y contextos, dicen igual del ansia por destacar para que las personas te reconozcan.

Tenlo presente:

La selfie de por sí sola no es mala, solo que en esto, como en todos los casos, los extremos son nefastos.

Y lo peor, tienden a provocar el efecto contrario a lo esperado.

Selfies versus privacidad

Los canales de internet muestran a muchas personas, de todos los continentes y culturas, exponiendo su privacidad.

No se trata solo de desnudos sugerentes, escotes pronunciados, vientres esculpidos, muslos tonificados o torsos atléticos.

Se trata de la constatación de simulaciones, falsas apariencias, vacíos interiores y otras anomalías.

Si bien tomarse selfies habitualmente no es un desorden mental, existen trastornos emocionales o psicológicos que pueden asociarse al uso excesivo de los autorretratos.

Y ahí están los conocidos para comentar tus fotos, con la mejor intención de elevarte el ego.

Pero también llegan a esos sitios los reclutadores de empresas, profesores, agentes de seguridad y otros que es mejor tenerlos a raya con tus intimidades.

Las razones para ser cautos en el universo de internet son muchas y si se trata de selfies, tal vez más.

Selfitis inexistente, pero…

La selfitis u obsesión patológica por hacerse selfies nunca existió y tampoco es atendible desde el punto de vista clínico.

La aparición de ese presunto trastorno es un falso diagnóstico que se hizo viral tras ser atribuido a la Asociación Americana de Psicología (APA).

Ahora bien, lo que sí debe atenderse es lo que mueve a cada persona en específico a esa práctica recurrente, máxime cuando llega a extremos.

Esto es fundamental en el caso de los adolescentes, más proclives a ser influenciados por las opiniones de la comunidad y a actuar en respuesta al entorno.

Cada selfie colgada en las redes sociales incide en la formación de la identidad de los más jóvenes y ahí sí hay que tener mucho cuidado, por ser un período crítico en la vida de una persona.

En cada selfie, montones de secretos detrás

Científicos concuerdan en que subir selfies en exceso es sinónimo de baja autoestima, trastorno dismórfico corporal (TDC) y narcisismo o personalidad perfeccionista, aunque estos no son los únicos.

El TDC, en particular, es prueba de una autoimagen distorsionada y revela una preocupación fuera de lo normal por algún defecto -real o imaginado- percibido en las características físicas propias.

En tanto, una persona narcisista probablemente tome selfies compulsivamente y las suba a las redes sociales en búsqueda de aprobación constante.

Así como cuando se mira en reiteradas ocasiones al espejo, el narcisista llegará a límites patológicos con tal de mostrar a los demás sus presuntos encantos.

A su vez, los perfeccionistas o personas con trastorno TDC se harán autorretratos hasta la saciedad, incluso durante horas, hasta quedar complacidos con la imagen que pretenden proyectar, algo que nunca o casi nunca alcanzan.

Los primeros, porque tienen una obsesión por alcanzar la perfección en todo lo que hacen.

Los segundos, porque nunca están contentos con su apariencia física.

Tantos selfies como motivaciones

Expertos de la Nanyang Technological University de Singapour coinciden en que existen distintos tipos de selfies.

Y que detrás de cada una de estas modalidades hay un conjunto de motivaciones.

  •  Sonriente y natural: propia de personas capaces de transmitir gozo, sin esforzarse. O sea, alegres, extrovertidas, cooperativas y compasivas.
  • Tomas desde abajo hacia arriba del cuerpo: casi siempre de personas amables y mientras más abajo esté la cámara, mayor la amabilidad.
  • Revelar el fondo: si en la mayoría de las selfies muestran el entorno detrás, sin importarle dónde tomaron la foto, se trata de una persona confiable, disciplinada y organizada.
  • Ocultar el fondo: quienes tienden a ello son las más preocupadas por su privacidad e intimidad, pero también las que temen lo que otros puedan pensar.
  • Duckface: son esas fotos con los labios fruncidos enviando besos que tanto pululan por las redes, sobre las cuales los científicos remarcan que surgen de personas inseguras, miedosas, ansiosas y celosas.
  • Apertura: mientras más abierta sea la foto, mayor la positividad emocional. Mientras más cerrada, revelan inestabilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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