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Quiebre y Resiliencia: Reflexionemos y tomemos acción

19 octubre, 2017 Roberto Ardon

Tengo un buen amigo salvadoreño quien en forma algo jocosa, me comentaba que le llamaba poderosamente la atención nuestro país, ya que teniendo los problemas que tenemos, siempre nos las arreglamos para que al final nada pase. Me decía que siempre estamos al borde de algo, que estamos en crisis, que pensamos que hemos tocado fondo, pero que también siempre tenemos la rara habilidad de esquivar las consecuencias. Me ponía algunos ejemplos del pasado:

 

¿Ves cómo nada cambia?, ¿ves cómo todos los problemas siguen siendo los mismos?”

 

 

Se me antoja que lo que el amigo quería insinuar es que todo el tinglado político de Guatemala es como un gran teatro en el que interactúan múltiples personajes, hay tramas y guiones redactados de antemano y hay pactada una especie de temporalidad para las distintas crisis, repartidas de manera muy escénica en tres actos. Que al final de la función los espectadores salen, después de asistir al drama de turno, pero al doblar la esquina del teatro, la dura realidad se sigue imponiendo. Es casi como que los guatemaltecos hubiéramos hecho un pacto de dejarle asignada la tarea de los enredos políticos a unos cuantos, mientras la vida continúa su marcha. Todo esto a condición de que no se metan con uno. Esto pareciera meramente anecdótico, si no es por el hecho de que aún cuando los problemas parecieran dejarse de lado esperando simplemente otra mejor ocasión para volver a surgir, las crisis van dejando su marca indeleble en la sociedad y van causando un deterioro mayor con cada oportunidad de reflote. Basta ver cómo hemos perdido la institucionalidad frente a nuestros propios ojos, sin que tengamos ocasión de ponerle un alto. Igualmente, la fractura social crece, fruto de los prejuicios, los estigmas, los discursos políticos y las consignas sociales. Ahí sí, la resiliencia de la que hablaba el amigo no es tal; con cada evento político castigamos más el tejido social guatemalteco.

Hoy, con todo lo que ha sucedido, debemos hacer una reflexión profunda. No es cierto que la vida sigue igual ni que todos estos brotes esporádicos y temporales de molestia están llamados a desaparecer. Tampoco es cierto que las cosas malas, como por ejemplo la locura en la que se encuentra Venezuela, no puede llegar a pasar en un país como el nuestro. Es responsabilidad de los buenos guatemaltecos ser valientes y empeñar una tarea de cambios antes de que sea demasiado tarde. ¿Por dónde empezar? La participación política es uno de los caminos. También lo es poner en marcha acuerdos nacionales entre los sectores representativos del país.

Una sociedad es como un gigantesco resorte. Tiene la capacidad de absorber los problemas hasta un cierto punto. Es decir, puede ser resiliente. Pero también, puesta demasiada presión sobre ella, puede alcanzar su punto de quiebre. No queremos llegar allí. Ese es el reto que hoy enfrentamos.

No creo, por los cambios que veo en el entorno, que vaya a escuchar de nuevo a aquel amigo repitiéndome que otra vez hemos esquivado la cuestión. Esperaría francamente que ese no sea el caso.

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