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Cuesta alcanzar la paz interior, pero regalándose amor puede lograrlo

31 julio, 2018 Isabel Soto

Cada día tropezamos con múltiples obstáculos que atentan contra nuestra alegría, más alcanzar la paz interior es posible a pesar de todo.

En la misma proporción en que aprendemos a amarnos, tal y como somos, llegamos a ese estado de plenitud en el que pocas cosas del mundo exterior pueden afectar nuestra paz.

Compruébelo usted mismo y para ello comience por procurar una mejor grado de comunicación consigo.

Párese delante del espejo, deténgase en cada detalle de su cuerpo, desde el colmo de la cabeza hasta el dedo gordo del pie.

Cántese las verdades, probablemente no es perfecto, pero…

¿Cuánto de hermoso y admirable encontró en esa búsqueda?

Sin dudas, varios detalles le dirán que usted tiene mucho de qué enorgullecerse.

Y ello se redoblará cuando aprenda que, quien lo mira del otro lado del espejo, también posee un sinfín de virtudes humanas.

Pero quizás lo mejor de la experiencia es haber comprendido que nadie tiene que enseñarle lo que usted puede aprender por si solo.

Usted es único y tiene mucho para ofrecer a otras personas.

«Somos lo que pensamos, todo lo que somos se levanta con nuestros pensamientos. Con ellos, creamos el mundo», legó el gran filósofo Siddhartha.

EL VALOR DEL AMOR

Los cinco grandes grupos religiosos predominantes -cristianismo, islamismo, budismo, hinduismo y la religión tradicional china- concuerdan en que el amor es el sentimiento más importantes en la vida de las personas.

Por supuesto, no hablamos solamente del amor basado en las relaciones de alteridad con otro ser humano.

Sino del que, se supone, debemos aprender desde la cuna y durante el resto de nuestras vidas.

Porque el amor es un proceso de construcción en cualquiera de sus facetas.

«El amor, como el árbol, ha de pasar de semilla a arbolillo, a flor, y a fruto», enseñaba el poeta cubano José Martí a su hermana Amelia.

Ello aplica tanto para el amor que pretendemos sentir por otras personas, como para el que debemos albergar por nosotros.

Cierto que algunos seres sufrieron durante la niñez por el abandono de uno de sus progenitores o por el maltrato de estos, o de la familia, o en la escuela.

Pero en cualquiera de los casos, es posible reconstruir los afectos por si y por quienes nos rodean.

Lleva tiempo, es verdad. Requiere paciencia y valor, también.

¡Ah, pero el precio de ser auténtico y aprender a amarse en toda su dimensión, cuánto alivia el alma!

CADA DETALLE CUENTA PARA SER FELIZ

Tan diversas son las formas de concebir la felicidad como distintas las personalidades.

Probablemente lo que más disfrute, algunos lo vean aburrido o pasado de moda.

En tanto, otros gocen de las cosas que jamás le pasaron por su cabeza.

Sin embargo, pese a la diversidad de definiciones en torno a la felicidad y de sugerencias para alcanzarla, hay una infalible.

Cuide los pequeños detalles del día a día para hacerse la vida agradable, dése todos los gustos que pueda.

En la misma proporción en que usted se consienta, practicará el auto respeto y la aceptación incondicional hacia si.

Esa es la base sobre la cual irá erigiéndose su autoestima hasta consolidarse.

No obstante, en ese proceso aleje a quienes sólo insisten en tus supuestos defectos, aprende a expresar con libert

ad tus puntos de vista y olvídate de quienes insisten en frenar tu espontaneidad.

También aprende a decir no sin miedo de las consecuencias de tu negativa, se coherente contigo y con los límites que quieres marcar.

Ten presente, además, que el exceso de racionalismo puede robar protagonismo al sentimiento en el diario.

Así como el desborde de sentimiento puede significar una emotividad que no deja espacio para la razón.

Busca el equilibrio entre pensamiento y sentimiento, y transforma tus errores en un triunfo vital.

Repíte cada día «yo me quiero», toma conciencia del valor de tus acciones y nunca caigas en la tentación de confundir el tener con el ser.

Tu valor incondicional reside en tu inmensa dignidad y esa, créeme, jamás podrán quitártela.

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