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Patria o pisto…

recaudación
9 marzo, 2018 Carroll Rios

“Escogió hacer pisto en vez de hacer patria”, dicen en son de crítica y con desprecio. ¿Está usted de acuerdo con esa frase?

ncluso se acusa a generaciones enteras: “Guatemala está como está porque la generación tal o cual se dedicó a hacer pisto en vez de a hacer patria”. En este nuevo año debemos declarar la guerra a paradigmas tóxicos y dañinos como este, pues retardan el combate a la pobreza.

Según este dicho, quien se lanza al fuero político es sacrificado y digno de admiración, pues busca el beneficio de su comunidad. Y si el político es un héroe porque tiene buenas intenciones y románticos sueños, por contraste, quien se involucra en quehaceres privados es el malo de la película. ¡Rotunda equivocación!

La realidad es que las personas productivas son las más patriotas. Hacen más bien a su terruño y a quienes los rodean, que quienes no producen nada; por ejemplo, los políticos.

¡Ojo!, nos referimos al panadero y al zapatero, al fabricante, al profesional y al agricultor, entre otros. Ellos trabajan, devengan salarios o ganancias, ahorran e invierten. Se dedican a actividades lícitas y honestas, surtiendo con esfuerzo la demanda de bienes y servicios, y sirviendo en esa medida al prójimo. No piden privilegios, trabajan en equipo y son eficientes. No malgastan ni despilfarran. Saben que el consumidor es rey y quieren entablar relaciones de largo plazo con su clientela. Son empáticos, visionarios y madrugadores. Si tropiezan, se vuelven a levantar. Se ejercitan en virtudes como la honestidad, la puntualidad y el orden. Crean riqueza y esta se multiplica y salpica a una larga cadena de personas, entre las cuales se cuentan sus propios familiares, los consumidores, los proveedores, los empleados y hasta los políticos.

Es cierto que las personas productivas “hacen pisto”: sus ganancias son la más merecida y justa recompensa por sus honrados desvelos. Si su trabajo es efectivo, reciben más. Si no lo es, cosechan pérdidas. En otras palabras, quienes crean riqueza por las buenas no se aprovechan de los demás, sino los sirven. Dista mucho su condición del modus operandi de quienes coluden con el gobierno para acceder a rentas artificiales, a las que no tendrían acceso sin el amparo del poder coactivo del Estado, o de quienes lucran a través de actividades corruptas o criminales.

La publicidad de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) insinúa que “el pisto” le pertenece al recaudador de impuestos y al funcionario público. Retratan al empresario como un bandido que obtuvo ganancias haciendo trampa o siendo alagartado. Pero en realidad, ¡no habría “pisto” que recaudar, si antes los guatemaltecos productivos no crearan riqueza! ¡Y la recaudación se vendrá al suelo, si con sus fanfarrias y persecuciones ahuyentan la inversión en el país!

Las autoridades se apropian de bienes privados a través del esquema tributario, so pretexto de invertir lo recaudado en servicios públicos necesarios. Es cierto que contribuyen al bienestar general aquellos gobiernos que efectivamente brindan seguridad y  justicia a los gobernados,  y crean las condiciones necesarias para que la actividad productiva prospere en libertad.

Sin embargo, últimamente se ha creado la percepción de que hay que ir a hacer Gobierno, “hacer patria”, no para fomentar el crecimiento económico, sino para enfrascarse en una vendetta resentida contra el sector productivo. Los supuestos altruistas son, en la práctica, “deshacedores” de la patria, porque van a parar matando a la Gansa de los Huevos de Oro, nos cargarán con otra década de pobreza y empeorarán las condiciones de vida de sus compatriotas.

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