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No solo i…, ¡también corruptos!

1 julio, 2017 Carlos Morales

Contratar a una firma de lobbyists por una suma millonaria y luego decir que no saben de dónde salió la plata, sí es ser lo que dice el embajador.

No hay que tener un cociente intelectual (IQ, en inglés) elevado, para entender que agentes de la corrupción organizada son quienes financiaron el polémico contrato de una firma estadounidense de lobbyists. Tampoco hay que tenerlo para darse cuenta de que estos brazos del mal buscaron a sus pares en el Organismo Legislativo, para intentar “oficializar” sus tendenciosas acciones en contra de aquellos que abanderan la lucha contra la corrupción y a favor de la transparencia. Cuatro diputados se prestaron para hacer realidad el esfuerzo, intentando hacer creer que por su calidad de legisladores, podrían hacer ver ante los ojos de la comunidad nacional e internacional que se trataba de una acción institucional del Congreso.

El asunto no puede ser más claro. Se trata de cuatro legisladores que, en calidad personal o en representación de otros, decidieron respaldar a grupos que se esconden en la oscuridad para actuar y lograr beneficios particulares, a costa del mal colectivo.

Al final de cuentas, entre las tinieblas, el objetivo de estas fuerzas del mal es defenestrar a quienes consideran sus enemigos, porque la lucha contra la corrupción les cierra cada vez más puertas y espacios para accionar.

¿Quiénes, si no grupos corruptos, invertirían tanto dinero para conseguir deshacerse de aquellos que están desenmarañando a las redes de criminales a las que pertenecen y que por años han desfalcado al Estado, impidiendo así el desarrollo del resto de guatemaltecos?

Quizá ni el embajador estadounidense en el país, Todd Robinsson; ni la fiscal general, Thelma Aldana; ni el Comisionado Internacional contra la Impunidad, Iván Velásquez, sean santas palomas. Pero cierto es que sus acciones en los últimos dos años han dado muestras de buscar el bien común, a través de investigar, procesar y enviar a la cárcel a todo aquel que haya abusado de su cargo público o de sus conexiones con funcionarios, para enriquecerse ilícitamente, a través de apropiarse de los impuestos que con dificultad pagamos los guatemaltecos.

La batalla más reciente es contra el embajador Robinsson, a quien señalan ahora de entrometerse en los asuntos internos del Estado de Guatemala.

Pero me pregunto ¿cuántas veces en la vida de nuestra República, el gobierno estadounidense se ha metido en los asuntos del Estado guatemalteco, para mal, y estos grupos no han dicho nada? Está claro que en esas oportunidades se veían beneficiados porque las intervenciones del país del norte tuvieron matices que generaron réditos para las estructuras de corrupción que se enraizaron en el país.

El embajador es víctima de una andanada de críticas de estos grupos del mal; dicen ahora que porque además los insultó al decir en una reunión de periodistas que los diputados que contrataron la firma de lobbyists son unos idiotas (según la RAE: 1. Tonto o corto de entendimiento. 2. Engreído sin fundamento para ello. 3. Propio o característico de la persona idiota. 4. Que padece de idiocia. 5. Que carece de toda instrucción).

En realidad, el diplomático no descubrió el agua azucarada y, aunque algunos periodistas aseguran que publicar las declaraciones del embajador fue autorizado por él mismo, en verdad tengo mis serias dudas. En las reuniones que lleva a cabo la embajada estadounidense con periodistas, se suele advertir que nada de lo que ahí se diga es oficial y menos aún, publicable. Y siendo Robinsson un diplomático con tanta experiencia, pues mi duda es mucho más seria y sospecho que lo que hubo fue una infidencia periodística.

Pero lo cierto es que de haberlo dicho, tampoco descubrió el agua azucarada y seguro autorizar su publicación tendría un propósito que, aunque nunca lo aceptará, es avalado por su Gobierno. Todo lo anterior lo entenderían con facilidad hasta quienes hayan perdido lógica formal en el curso de filosofía. Veamos entonces: si los empresarios niegan cualquier responsabilidad en el financiamiento de la contratación de los lobbyists; el ministro de Finanzas asegura que del Estado no ha salido ni un centavo para eso; y ahora, los diputados dicen que no saben de dónde salió la plata, entonces sí son lo que dice el embajador.

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