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¡No quiero siesta!

17 noviembre, 2018 Oneida Najarro

Mi hombrecito, que está por llegar a los dos años y medio, ya empezó a expresar sus gustos. El “no, no quielo” y “sí quielo” son de sus frases preferidas, por lo que lograr que cambie de parecer es para ingeniárselas.

Esta semana, luego de varios meses de hacer siesta después de almuerzo –una hora- dispuso que ya no quiere.

Como cada tarde dimos un paseo en el carro para que durmiera, era una táctica que no fallaba para que cayera casi inmediatamente en brazos de Morfeo.

Hora de la siesta, le decía yo, hasta que respondió “no, siesta no quielo”. Llevamos tres días en esas, así que desistí del paseo en el auto, no sin antes consultar varios sitios sobre las horas de siesta recomendadas para niños de su edad.

Cuando hacía la siesta por las tardes, en la noche era una lucha por que se durmiera temprano. En estos días que dispuso no dormir después del almuerzo, a las 9 ya cierra sus ojitos y hasta el otro día; así ajusta 11 horas de sueño.

Importante dormir

Las siestas son importantes en los primeros años porque ayudan a que los niños no se agoten, con tanta energía que desbordan  durante el día. También para crecer, no estar de mal humor y reponer fuerzas.

Aún no estoy convencida de que hayan  llegado a su fin las siestas en la tarde, pues de momento, él prefiere aprovechar ese tiempo para jugar. He pensado en acostarlo más temprano y  voy a  probar para que duerma unas 12 horas, que es lo recomendado.

Esa hora que dormía mi niño por las tardes,  era mi momento en que revisaba correos, las redes sociales, escuchaba un programa de entrevistas o me iba a comprar un cafecito a algún autoservicio, sin hacer mucho ruido para no despertarlo.

O sea, a esas actividades tendré que buscarles nuevos horarios.

Mientras, estamos aprovechando estas tardes para volar barrilete, ir a buscar flores al área verde, colorear, jugar pelota y ordenar el desorden que queda después de cada juego, pues por más que cantamos la canción del “limpia, limpia, guarda todo en su lugar”, no hay modo que lo aplique.

El “no quielo” de la siesta, empieza a utilizarlo también para la comida y ese es otro de los retos porque a diario hay que poner a funcionar la imaginación a manera de adivinar qué comida va a satisfacer su gusto.

Los sitios de padres e hijos recomiendan mucha paciencia, tanto para la comida, como para las siestas porque los niños van cambiando a medida que están en crecimiento. Así que ¡a respirar profundo!

Por Oneida Najarro 
onenajarro@gmail.com

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