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No leas estas leyendas urbanas si te vas a quedar solo en casa

12 agosto, 2017 Anamaria Arroyo Diario Digital

Las cosas que no tienen explicación son las que llegan a fascinarnos. ¿Qué pasa en realidad detrás de esas historias, leyendas y mitos que nos rodean? No siempre queremos saberlo.

Historias de la vida real

Las leyendas de los abuelos eran una cosa, con la Llorona o la Siguanaba apareciéndose a las afueras de un pueblo o en las calles de la ciudad, pero no tienen el mismo efecto que las historias de alguien a quien le pasó o al amigo de un amigo.

Tenemos tres historias de mitos urbanos, algunas les han pasado a conocidos, otras van de boca en boca y si tienes una que quieras compartir, déjanoslo saber por medio de nuestras redes sociales.

Pasos sin dueño

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“Mi casa no tiene garage, así que dejamos el carro en un parqueo a un par de cuadras. Una noche llegué bien tarde a dejar mi carro y la orden del parqueo es dejar la luz apagada después de cierta hora. Ya todo estaba oscuro y me quedé un rato en el carro revisando los mensajes.

De repente escuché pasos y pensé que era alguien entrando a su carro o el cuidador. Salí del carro con una linterna y escuché los pasos entre espacios, luego se acercaban a mí y decidí alumbrarles el camino pero no había nadie. Salí corriendo. Mi hermana también ha escuchado los pasos en el parqueo, pero a ella le pasó con las luces encendidas.”

En el puente

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“Nos han contado algunos vecinos de la zona 3 que a veces se pueden ver a personas con intención de tirarse del puente El Incienso. Algunos incluso han intentado socorrerlos, pero al llegar no hay nadie ni al fondo del barranco. A veces se ven y en un abrir y cerrar de ojos no están, o se escucha un grito, como que cayeran, pero no hay nadie.”

La casa con mensaje

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“Un cuate me contó que una vez cuando vendía puerta a puerta llegó a una casa que parecía abandonada en zona 5, pero que igual tocó y del fondo le dijeron ‘regrese más tarde’. El regresó pensando que tal vez estaban ocupados y tocó el timbre otra vez. Luego otra vez y espero. En eso pasó una vecina y le dijo: ‘no toque ahí joven, ahí hace años que no vive nadie’. Después de eso mi cuate mejor dejó de vender de puerta en puerta.”

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