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Miedo, incertidumbre y un hospital cerrado, aquí nadie quiere hablar

16 agosto, 2017 Anamaria Arroyo Diario Digital

El Hospital Roosevelt es uno de los centros asistenciales públicos donde se puede observar la realidad tal cual es. Las paredes del hospital no son ajenas a la muerte, más no de un violento ataque deliberado perpetrado por mareros.

Si eres paciente vas al hospital a curarte, a encontrar una solución a tus dolores. Si eres médico o enfermera vas a trabajar, a salvar vidas y ganar tu sustento diario. No es secreto que el sistema de salud del país no se da a basto para las necesidades de la población, por eso no necesita más zozobra sobre él.

Una tensa tranquilidad

Hoy, 16 de agosto, un grupo de integrantes de una mara llegaron a la Emergencia del Hospital Roosevelt para liberar a uno de los reos que había llegado por unos exámenes, desatando una balacera y causando la muerte de 7 personas, y dejando heridas a 20. 

Esto sucedió a eso de las 8:00 horas. A eso de las 11, la vida alrededor del hospital continúa aparentemente como si nada. Los vendedores tienen sus puestos abiertos, preparan comida y los pacientes siguen llegando. La vida continúa, pero está llena de miedo y tensión.

La escena del crimen. Hospital Roosevelt. Foto: Fabricio Alonzo.

Queremos saber más, así que vamos a los alrededores del hospital a preguntar a la gente, pero las personas no quieren compartir sus historias con nosotros.  Se tapan el rostro al ver las cámaras y escuchamos sus historias a lo lejos. Al acercarnos para preguntarle si estaban cerca o lo que vieron, nos cuentan a la mitad, o no dicen nada.

Una paciente de la consulta externa decide hablar: “Vine a eso de las 6:30. Ya estaban aquí, otra paciente hasta me dijo: “a mi me da miedo cuando vienen (los reos), ¿a qué hora se desata una balacera?”. El doctor me trasladó a otra especialidad y me dijo que regresara a mediodía, así que me fui. Ahorita regresé y mire, cerrado”.

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Le preguntamos a varios vendedores de los locales cercanos a las entradas del hospital. La respuesta de la mayoría es: “no seño, yo todavía no estaba”. “Pero ¿escuchó algo? ¿Alguno de los pacientes le contó?”. “No, disculpe seño, yo no estaba, no sé”.

El ambiente es tenso. Todos se hablan en secreto, pero nadie estuvo ahí. El hospital está cerrado. No hay consultas, ni farmacia. Una mujer espera, junto a varias familias. “A mi hija le iban a dar de alta después de su cesárea, pero no me dicen si va a salir hoy o no. Está bien, ya le mandó el mensaje a mi yerno, pero no me dejan verla. Voy a esperar un rato más, pero todo está cerrado.”

Otros llegan a la puertapara su cita y se encuentran con la misma negativa. Todo está cerrado. “La pena de muerte les deberían de dar”, comenta otro paciente, un adulto mayor.

“Uno hace el viaje hasta acá para que lo ayuden. Yo vengo por mis ojos. No miro, me cuesta moverme y estos vienen a hacer esto, a cerrarnos las puertas. Que trabajen si quieren su dinero”.

Un comentario parecido me da una señora de 84 años. “Yo pido dinero porque ya no puedo trabajar. Si tuviera 15 años estaría limpiando alguna casa, viendo que hago, pero estos solo vienen a exigir. Yo pido y lo que sea la voluntad de la gente, pero ellos piden y si no les dan, matan. Que los maten a ellos”.

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Una vendedora de las afueras se tapa la cara con sus manos y apenas me dice: “acababa de poner mi puesto y solo escuché los disparos. Parecía guerra, pero no quiero que me vean. No me saque en las noticias.” No estamos grabando, ni tomando fotos, pero solo ver la cámara la pone tensa. Mejor se levanta y nosotros nos alejamos.

Las afueras del hospital después del ataque. Foto Fabricio Alonzo.

Opto por ir a comprar una botella de agua. Pregunto a quien me despacha y me encuentro con lo mismo: “no seño, nosotros nos venimos a poner la venta sino hasta las 9”. Es la hora que dicen la mayoría de los vendedores.Lo que sí he visto es a la gente irse porque no los dejan entrar. Eso y mucho policía.” 

Intentamos encontrar a un médico o enfermera para preguntar sobre sus vivencias, pero solo nos dicen que fueron evacuados o que algunos se quedaron con los pacientes. Una chica con su pequeña venta está casi en la salida a la Calzada Roosevelt.

La escucho hablar de lo que vio con otra vendedora. Me acerco a preguntarle y nuevamente la misma respuesta “No seño, yo vine a las 9. No vi ni escuché nada”. Estas respuestas no dicen mucho, pero hablan bastante.

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