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Los Pactos Colectivos y la Realidad Nacional

24 febrero, 2017 Rolando Archila Marroquin

Los compromisos adquiridos por el Estado con sus trabajadores revisten una intención política de interés mutuo. Por una parte, los trabajadores han obtenido beneficios cada vez mayores y a su conveniencia y, por la otra, los gobiernos se han librado de alguna conflictividad. En esa especie de chantaje mutuo quienes han salido muy beneficiados, además de las partes, son los abogados o negociadores, quienes ganan millones por su mediación. Sin embargo, no todo es bonito como pareciera, al satisfacer las necesidades de los trabajadores se han incurrido en muchos aspectos que resultan injustos, incluso, para los mismos trabajadores, sobre todo, en el manejo de los bonos. Esa es la razón por la cual resulta que, en el ramo de salud, por ejemplo, un conserje gane más que un médico. Esos casos vienen siendo los mismos en el Ministerio de Salud y Asistencia Social, en el IGSS o en la Universidad de San Carlos, al igual que en el ramo de la educación.

Así como vamos, no habrá dinero que alcance. Todos los años los gobiernos requieren de un presupuesto más alto que la burocracia cada vez más grande consume en dos terceras partes y, si a eso sumamos los compromisos de la deuda interna y externa, consecuencia de presupuestos deficitarios, lo que se invierte en las necesidades de la población es muy poco y tendríamos que considerar, adicionalmente, lo que se queda en el camino por la corrupción galopante que padecemos y que hasta ahora todavía se sigue practicando. En consecuencia, los tecnócratas del gobierno seguirán inventando fórmulas para obtener más recursos y seremos los mismos los que tengamos que pagarlos, a menos que se amplíe la base tributaria. Como los tamaños de los gobiernos cada cuatro años crecen para llenar los compromisos político partidarios, de amigos y familiares, los presupuestos se consumen, pero las necesidades de la población se agrandan, por tantos años de seguir haciendo lo mismo. De esa cuenta, el desarrollo no llegará nunca y estaremos condenados a los mismos problemas en los mismos campos. El hambre y la desnutrición, las deficiencias en la salud y la educación, la falta de vivienda y de trabajo, sumado a la violencia creciente, serán las lacras que tendremos que seguir soportando si no se toman las medidas correctas para enmendar lo anteriormente actuado.

Tanto el gobierno, como los trabajadores, deben estar conscientes de la situación y desprenderse de intereses mezquinos para pensar en función de país porque la Guatemala que queremos la constituimos todos.

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