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Los motores del desarrollo económico

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24 febrero, 2018 Abelardo Medina

El propósito principal de cualquier sociedad es alcanzar el bien común, por lo que no es suficiente reportar crecimiento económico.

Uno de los problemas más analizados por los economistas estudiosos del crecimiento y desarrollo económico es el patrón que deben seguir las sociedades para alcanzar el ansiado bien común que pregona la mayor parte de las constituciones políticas de las naciones democráticas del mundo; entre ellas, la guatemalteca.

El primer paso es el análisis del modelo de crecimiento propuesto por Robert Solow, el que concluye que, para impulsar la mayor disponibilidad de bienes en la economía (aumento del PIB), el camino pasa por crear mejores condiciones para aumentar la inversión en capital y en tecnología, especialmente en capital humano.

De acuerdo al estudio realizado por Andrade et al para Cepal (2014) durante el período 1981-2010, el crecimiento promedio simple del PIB en Guatemala fue de 2.7 por ciento y los principales impulsores fueron el capital, con 1.4 por ciento, y el trabajo con 2.8 por ciento. Lamentablemente, el progreso tecnológico retrocedió en 1.5 por ciento anual, en promedio.

Algunos teóricos se quedan a medio camino creyendo que, luego del incremento de la producción, se producirá el efecto derrame que mejorará el bienestar de la población. En la realidad, la distribución apropiada de la riqueza necesita que las fuerzas del mercado funcionen con el mismo peso relativo, de tal forma que los factores se vean beneficiados a partir de su productividad, lo que rara vez ocurre.

Conforme los datos mencionados, durante el período 2001-2010 el PIB creció 2.8 por ciento anual en promedio y la contribución a la producción fue del 1.8 por ciento por el capital y el 3.2 por ciento por el trabajo.

Sin embargo, los ingresos derivados se asignaron en 4.4 por ciento promedio anual para el capital y el 2.4 por ciento promedio anual para el trabajo, por lo que a pesar de un mayor crecimiento económico, en nuestro país la distribución de la riqueza empeoró, produciendo más pobreza y miseria. La carencia de un real “efecto derrame” es compensado en la mayor parte de las naciones con la creación de políticas públicas que impulsan la formación de un piso mínimo de protección social y fortaleciendo el acceso al bienestar social para los habitantes.

Es ahí donde una política fiscal progresiva y basada en la búsqueda del bien común es indispensable; lamentablemente, para Guatemala es una materia pendiente.

Por supuesto que la tarea de crear buenas condiciones para la producción en el país tampoco es algo que se esté logrando con éxito, ni para grandes empresas y mucho menos para las Mipymes.

Por ello, una tarea impostergable es la promoción de una Ley de Inversión para todo tipo de empresas, que cree mecanismos reales para mejorar las condiciones para el crecimiento económico del país.

Esto último es importante, pero no debe olvidarse que el fin primordial de la sociedad es lograr el bien común, por lo que la Ley de Inversión es insuficiente si no existen verdaderas políticas públicas, especialmente una buena política fiscal, que impulsen el desarrollo y la igualdad en Guatemala.

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