ACTUALIDAD

La alegría

27 diciembre, 2018 Carroll Rios

“La alegría es una manifestación de la libertad de espíritu,” escribe Monseñor Fernando Ocáriz, filósofo, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y prelado del Opus Dei. Prosigue: “Esta alegría está llamada a invadir todo en nuestra vida. Dios nos quiere contentos.” Son palabras para meditar en este fin de año, cuando formulemos nuestros propósitos para el año nuevo.

En nuestra era, es raro oír hablar en el mismo aliento de libertad y espiritualidad o religiosidad. El secularismo en boga sí tiende a vincular el ser libre con el placer que nos producen ciertas interacciones humanas, los pasatiempos, el ocio y las cosas materiales. La página de internet Secular Freedomdice que lo que anhelan todos los no creyentes es  “vivir nuestra vida cómo nosotros consideremos apropiado, sin interferir con nadie más, y gozar nuestra vida libre de la interferencia religiosa.” Sienten que la religión se les impone, los oprime y les dicta reglas antipáticas. En consecuencia, tienen a los practicantes por personas pasivas, sumisas, obedientes e irreflexivas. No pueden admitir que una persona racional e independiente podría ser también piadoso.

La cuestión es al revés, explica Ocáriz en su carta del 9 de enero del 2018. Sólo podemos ser buenos cristianos desde la libertad, porque “si no fuéramos libres no podríamos amar.” Quienes practicamos el cristianismo lo hacemos movidos por el amor. Correspondemos al Amor de Dios, nuestro Creador. Podríamos no hacerlo, podríamos darle la espalda y vivir cómo si Él no existiera. Pero elegimos luchar por permanecer en cercanía con Él, por aquello que escribió el apóstol y evangelista Juan (4:7-9): Dios es Amor.  Y también el “Creador de la alegría”, agrega el Papa Francisco. Y, si lo pensamos bien, Dios es el Ser más libre de todos…

¿Alejados de Dios, encontraríamos la clave para vivir el amor, la alegría y la libertad a plenitud? “[E]s liberador saber que Dios nos ama; qué liberador es el perdón de Dios, que nos permite volver a nosotros mismos, y a nuestra verdadera casa,” escribe Ocáriz.  La raíz de la verdadera alegría es sabernos hijos queridos por Dios. Si nos supiéramos hijos de Dios, “obraríamos como personas libres,” agrega el prelado. Esta realización hace que vivir “en cristiano” nos brinde gozo. Unos párrafos más adelante, Ocáriz define la libertad de espíritu como la “capacidad y actitud habitual de obrar por amor, especialmente en el empeño de seguir lo que…Dios le pide a cada uno.”

Por supuesto que a veces cuesta seguir a Dios y a Jesucristo. Su Amor es exigente. No es fácil hacer concordar nuestra voluntad con la Suya. Todos tenemos experiencia de hacer cosas demandantes o difíciles, porque sabemos que nos conviene hacerlas, anticipando resultados benéficos para nosotros mismos y quienes nos rodean. De niños aprendemos que forjamos carácter exigiéndonos a nosotros mismos: aprendimos a montar bicicleta, cocinar y sumar con esfuerzo y tenacidad. Ir a misa, hacer oración y vivir en gracia de Dios implica vencimiento propio y sacrificio. Sin embargo, dicha lucha diaria ni nos pone tristes ni anula nuestra libertad.

Durante la época navideña recordamos el “sí” que da la Virgen María al Señor. El Arcángel Gabriel le anuncia lo que Dios quiere de ella: que sea la Madre de su Hijo. Ella pregunta, escucha, comprende y después dice “hágase en mí según tu palabra”. La Virgen modela así una respuesta a Dios en libertad.

En el año venidero, hagamos el propósito de vivir alegres, y con libertad de espíritu. Hagamos nuestra lista de propósitos en presencia de Dios, para discernir mejor aquellas metas que son realmente prioritarias.

Comentarios

comentarios


ETIQUETAS


RELACIONADOS