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El trago amargo del error estadístico

22 diciembre, 2017 Jorge Benavides

La información es la piedra angular de la gestión pública, ya que es a partir de ella que se toman las decisiones sobre el desarrollo de los ciudadanos.

Por marginal que parezca, debiera ser incuestionable la relevancia que tiene en cualquier democracia moderna la generación de información estadística confiable, oportuna, práctica, transparente y asequible. Las decisiones más importantes del país, recaen en la calidad de los datos públicos disponibles.

Es impresionante cómo la tecnología ha impulsado de forma acelerada la capacidad de manejar gran cantidad de información, con actualizaciones en tiempo real y prácticamente a escala global. Hoy vivimos en un mundo de abundancia en cuanto a información estadística, pero seguimos recayendo en la institucionalidad pública para que un dato se vuelva “oficial”.

Traigo a colación esta reflexión, en ocasión de la actualización que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha hecho de la canasta básica alimentaria (CBA). En primer lugar, hago un reconocimiento al esfuerzo de los equipos técnicos por brindar información actualizada y sustentada en metodologías sólidas y respaldadas por instituciones de vanguardia a nivel mundial. También hago un llamado a manifestar un categórico rechazo a las posturas que buscan seguir en el error.  

El INE ha dado un paso adelante, al reconocer el error estadístico que se acumuló por casi una década en el cálculo de la CBA, lo cual ha significado un trago amargo para quienes, dentro de la institución, hoy  reconocen cómo una decisión política pudo afectar la rigurosidad del trabajo técnico, con implicaciones serias en temas como la definición de la política monetaria, el cálculo del salario mínimo, la medición de la inflación, la estimación de la pobreza, y el costo del acceso al crédito, por mencionar algunos temas.

También puedes leer: Los graves errores del INE

No quiero entrar en detalles sobre las consideraciones que han sido expuestas en foros de discusión, organizados por el INE, con equipos técnicos procedentes de las más amplia diversidad académica y profesional. Tampoco quiero señalar las correcciones que aún quedan pendientes. El punto donde quiero poner el énfasis se relaciona con la postura expresada por algunos sectores y líderes de opinión, empleando el discurso político para contravenir la evidencia técnica que respalda la decisión tomada por el INE, aunque la misma haya dejado  fuera la revisión de las demás canastas.

 

Miente, miente, miente, que algo quedará; Cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá.»   – Joseph Goebbles

 

Cuando los argumentos carecen de sustento, se vuelven opiniones cargadas de saña y desdén, poniendo de manifiesto intereses particulares. Sin capacidad de refutar las evidencias, se ha procedido a proferir acusaciones bajo sospecha de manipulación política de las estadísticas.  Para negar que haya habido errores en la estimación de las variables, quienes discrepan prefieren seguir bajo la sombra de un error, antes que reconocer las cifras oficiales corregidas. Un error no desaparece ignorándolo. Se ha llegado incluso a la solicitud de interponer amparos, para dejar sin efecto la corrección del INE.

 

En defensa de la transparencia, no podemos dejar que la revisión de las estadísticas nacionales sea impedido por quienes desean evitarse el trago amargo. Los profesionales honestos debemos demostrar el error de quienes quieren hacer propia la famosa frase de Joseph Goebbles: “Miente, miente, miente, que algo quedará; cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”

 

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