Emmanuel Macron anuncia cambios para descentralizar el sistema de salud francés

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Francia triplicará su capacidad de producción de barbijos antes de fines de abril y fabricará 10.000 respiradores suplementarios para fines de mayo. El presidente Emmanuel Macron anunció además su intención de que su país, así como la Unión Europea (UE), «adquiera una independencia total» en materia de insumos médicos de primera necesidad antes de fin de año.

«El futuro no se parecerá al pasado», declaró Macron, que llamó a todos a «volver a construir la soberanía nacional y europea», al término de una visita a la fábrica de barbijos Kolmi-Hopen, en el oeste francés.

«Habíamos comenzado antes de la crisis aplicando reformas que permiten a nuestro país ser más competitivo. Ahora es necesario recuperar la fuerza moral y la voluntad de producir aun más en Francia y recobrar nuestra independencia», insistió.

Según el presidente, antes de la pandemia, Francia producía 3,3 millones de barbijos por semana. «A fines de abril llevaremos esa cifra a diez millones semanales.

Y aumentaremos ese esfuerzo», prometió. El país necesita, sin embargo, 40 millones de barbijos por semana. Además del personal médico, policías, bomberos, cajeros o servicios de delivery deploran la falta de material de protección.

Para acompañar el esfuerzo nacional, el presidente anunció «una dotación específica de 4000 millones de euros» destinados a la salud pública francesa, con el fin de financiar «la compra de medicamentos, respiradores y barbijos» para luchar contra el Covid-19.

En cuanto a los respiradores, utilizados para la reanimación de los pacientes más graves, un consorcio industrial francés que reúne a Air Liquide, Peugeot (PSA), Schneider Electric y Valéo «permitirá producir 10.000 aparatos antes de mediados de mayo», dijo el presidente.

La gestión de la pandemia, que paralizó las empresas, trastornó la vida de la población y condujo al gobierno a decretar el confinamiento obligatorio hace dos semanas, fue objeto de críticas de los profesionales de la salud, que denuncian una reacción tardía y una falta inadmisible de material de protección.

Esa penuria alimentó diversos tráficos, como lo probó la incautación récord de 32.500 barbijos ayer en Saint-Ouen, en los suburbios de París, donde dos personas fueron detenidas, según la prefectura de la capital.

En momentos en que cerca de 21.000 personas se encuentran hospitalizadas -más de 5000 de ellas en reanimación- y los nosocomios, al borde de la saturación, la oposición política tampoco se priva de criticar al gobierno. La primera es la presidenta del ultraderechista Reunión Nacional (ex Frente Nacional), Marine Le Pen, que acusa al ejecutivo de mentir sobre «absolutamente todo, sin ninguna excepción».

«En medio de una batalla es necesario permanecer unidos para ganar y pienso que todos aquellos que tratan de enjuiciar, cuando aún no hemos ganado la guerra, son irresponsables», replicó ayer el jefe de Estado.

Una vez más desde que comenzó la crisis, Macron -que junto a su primer ministro, Edouard Philippe, vio su nivel de popularidad aumentar en forma vertiginosa estas semanas (16 y 12 puntos, respectivamente)- aseguró que «el momento de sopesar la responsabilidad vendrá. Es legítimo y democrático. Entonces será la ocasión de una transparencia total», aseguró.

«Seamos humildes. No confundamos las certezas del pasado con lo que sabemos en el presente. Todo cambió día a día. Después miraremos lo que podríamos haber hecho mejor.

También analizaremos, con una óptica de justicia, las decisiones tomadas con anterioridad y cualesquiera hayan sido los responsables políticos. Cuando se vive algo inédito no se le puede exigir a la gente haberlo previsto hace diez años», concluyó.

El presidente aludió así a la pregunta que se hacen 65 millones de franceses: ¿qué pasó con los 1000 millones de barbijos quirúrgicos y los 900 millones de barbijos FFP2 que tenían las reservas estratégicas del Estado en 2009, después de la epidemia de gripe H1N1, y que pasaron a 150 millones cuando comenzó la crisis del coronavirus?

Según diversas investigaciones, los stocks de barbijos se habrían mantenido en número constante hasta 2013, cuando, durante la presidencia del socialista François Hollande, un informe del Secretariado General de la Defensa y la Seguridad Nacional (Sgdsn) modificó la «doctrina de protección de los trabajadores ante enfermedades altamente patógenas y de transmisión respiratoria». Ese documento estipula que «el equipamiento y la gestión de los barbijos es, a partir de entonces, transferido al empleador».

En otras palabras, ya no sería el Estado quien asumiría toda la gestión -considerada extremadamente cara-, sino, en gran parte, el sistema hospitalario. Nadie pareció tener en cuenta entonces que, desde hacía años, el sistema de salud francés padecía de una penuria creciente de medios y de inversión y tenía, en consecuencia, muchas otras prioridades.

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