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El Papa Zacarías y su lección sobre el poder

1 septiembre, 2017 Roberto Ardon

En la historia de la Iglesia católica es difícil conseguir más datos sobre las circunstancias en que un papa del siglo VIII, Zacarías, ejerció su pontificado.

Con noticias pocos fiables sobre su persona y anteriores al ejercicio de su función pastoral, la historia le recuerda por un único, pero trascendental evento, que marcaría para siempre la civilización cristiana, particularmente la europea.

La historia va así: Reinaba en Francia la dinastía merovingia, que llegaba al año 750 D.C. en condiciones muy desgastadas. Los reyes se sucedían unos tras otros sin pena ni gloria y el poder, poco a poco se deslizaba hacia la figura de los mayordomos reales, una especie de primeros ministros, quienes por su personalidad, carácter y el conocimiento de los asuntos de Estado, cada vez ocupaban el centro de las decisiones políticas del reino. Finalmente, esta especie de molesta dualidad terminó abruptamente. Pipino el Breve, el mayordomo real, se dirigió al papa Zacarías en Roma y le formuló la siguiente pregunta: ¿quién debe ser llamado rey? ¿El que lleva oficialmente el título o el que ejerce realmente el poder?  La respuesta del Papa no se hizo esperar: “El que lo sea de hecho, que lo sea de derecho”. Con ello, la Iglesia sancionaba el cambio de dinastía en la corona francesa, a partir de reconocer quién realmente ejercía el poder. El resto, es historia: de esta nueva dinastía surgirá Carlomagno y la relación estrecha de Francia con la Iglesia, de la que llegará a conocerse como su hija primogénita.

Todo este asunto puede parecer meramente anecdótico, si no fuera porque en Guatemala vivimos condiciones muy similares. Una curiosa situación en la que hay unos que efectivamente gobiernan y otros, que por el mero hecho de ejercer el cargo, sufren el desgaste. Basta recorrer la mirada por el panorama político de los últimos dos años, para caer en cuenta de que los nombramientos a las Cortes y las decisiones de estas, las discusiones en el Congreso y muchas de las leyes aprobadas allí, la designación de puestos clave en la administración pública y finalmente, el media setting o la agenda principal de la que hablan los medios, tiene su origen, sentido y apoyo en fuentes de poder muy distintas a las del centro político nominal del país. Digo esto, no con ánimo de hacer valoración alguna, sino más bien para constatar un dato político que no puede permanecer ajeno a nuestras consideraciones.

Una situación así genera en el largo plazo, como en la Francia merovingia, tensiones y presiones que estallan. ¿Qué tanto de la crisis que estamos viviendo ahora no tiene que ver con esta dualidad? ¿Qué tanto del encontronazo público que hoy ha ocurrido, explica las decisiones personales y hasta institucionales que de lado y lado se han adoptado? ¿En qué medida, lo que algunos consideran es una expresión de liderazgo tardío, tiene su explicación en este orden de las cosas?

Al final, estamos asistiendo a una forma de llevar a un plano más sincero las cosas en la política en nuestra Guatemala. ¿Qué puede resultar de todo esto? Está por verse. Al menos, la crisis está haciendo hablar en tono más alto a aquello que ha pasado desapercibido o que simplemente se comenta con algo de temor o timidez. Lo cierto es que habrá quienes quieran hacer como los carolingios; es decir, que quieran provocar el cambio de corona porque sienten que ya les toca por definición. Otros querrán continuar ejerciendo el poder atrás, como lo hicieron durante algún tiempo los mayordomos reales de la historia, porque prefieren seguir el consejo de aquel aventajado político italiano, Andreotti, quien decía que “el poder desgasta solo a quienes no lo tienen”. En fin, ¿habrá un Papa Zacarías que zanje la ciuestión, aquí en Guatemala?

  

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