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El impopular periodismo

9 febrero, 2017 Gustavo Berganza

Vivimos en una era en la que Internet y las nuevas realidades políticas no solo han desfigurado al periodismo sino lo han hecho ver como innecesario.

AFP PHOTO / NICHOLAS KAMM
AFP PHOTO / NICHOLAS KAMM

Desde que Internet se generalizó, los linderos que definen al periodismo aceleraron su desaparición. Ya esta actividad no es, como era antes, una ocupación de profesionales cuya intención fue, como escribió Lorenzo Gomis en Teoría del Periodismo (1991), interpretar “la realidad social para que la gente pueda entenderla, adaptarse a ella y modificarla”. En este sentido, concluía Gomis “el periodismo puede considerarse un método de interpretación sucesiva de la realidad social”.

Lo que hoy vemos en Internet, gracias a la proliferación de tuits, posts y blogs, es una algarabía que más que interpretar, confunde y que más que promover una adaptación para modificar la realidad, arranca a la ciudadanía una insensata conformidad o le despierta reacciones de peligrosa irracionalidad.

En Internet no importan los hechos ni su secuencia temporal. Se construyen narrativas con falsedades y se altera el orden de los acontecimientos para que se ajusten a las intenciones de quien los expone.

Desgraciadamente, muchas de estas narrativas se confunden con el periodismo y, lo que es aún peor, han colonizado una actividad en la que in illo tempore fue vital verificar hechos, incorporar versiones diferentes, depurarlas para hacer entendible y asequible el entorno.

Y si los tuits, posts y blogs son banales, las visiones que difunden los medios periodísticos se han tornado con más frecuencia de la deseada en intranscendentes, todo sea en aras de generar tráfico hacia ellos.

En Guatemala, un medio que se aferre a la investigación, análisis y crítica para que la gente pueda entender la realidad y modificarla, atenta contra su supervivencia porque ahuyenta a los anunciantes e incomoda a los poderosos.

En este contexto, el periodismo que desea ser periodismo y aspira a decodificar la realidad e interpretarla para sus audiencias es una actividad cada vez más impopular y poco rentable en términos económicos. Más impopular, y recibe los ataques de figuras de autoridad, que hablan de “medios mentirosos”, como Donald Trump cuando rechaza noticias que evidencian las falencias de su gobierno, o de “medios ideologizados” “con agenda”, como sucede en nuestro medio, cuando se divulgan investigaciones sobre corrupción en la política o la empresa privada, abusos de poder, engaños, simulaciones o simplemente se evidencia la incompetencia de funcionarios públicos.

Como sucede en el resto del mundo, los medios y el periodismo que desean denunciar las imperfecciones e injusticias del sistema político, económico y social, se encuentran en retirada, porque a las audiencias ha dejado de interesarles cuestionarse su entorno, porque ofenden a las empresas que pueden anunciarse en ellos o porque a los dueños de los medios, en esta realidad posverdad y pospolítica, les aterra ofender al poder, sea este de la índole que sea.

En un ámbito tan pequeño como es Guatemala, un medio que se aferre a esas formas de interpretar la realidad social (investigación, análisis y crítica) para que la gente pueda entenderla y modificarla, atenta contra su supervivencia porque ahuyenta a los anunciantes e incomoda a los poderosos. Y por eso vemos el gran éxito de vehículos de difusión de banalidades, que evitan poner a prueba las verdades del sentido común y eluden pinchar la conciencia crítica. Usted notará en estos días, que este tipo de medios, descafeinados por completo, son los que más abundan y compiten a gritos por la atención de audiencias y pautas, tratando de sobreponerse a lo banal e intrascendente que difunde la web. En estos tiempos, pareciera que ya no vale la pena ejercer el periodismo en Guatemala.

Con esto me despido de ContraPoder y de A las 8:45, tres años y medio en los que pude vivir la realidad política con intensidad y recuperar la fe en la capacidad transformadora de este método de interpretación sucesiva de la realidad, al que conocemos como periodismo. Muchas gracias por leerme y, como dicen, arrieros somos y en el camino vamos.

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