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El Chapo tendría comprada hasta la Interpol

15 noviembre, 2018 Mario Ramirez

Joaquín «el Chapo» Guzmán Loera tenía comprados a fiscales, policías y militares mexicanos y hasta a la Interpol, aseguró el jueves un testigo clave en el juicio del capo en Nueva York, que también relató paso a paso el nacimiento del cartel de Sinaloa y su violenta guerra contra el cartel de Tijuana.

Jesús «el Rey» Zambada, contable del cartel de Sinaloa durante dos décadas hasta su detención en 2008 y hermano de Ismael «el Mayo» Zambada, socio de Guzmán Loera, coacusado en el caso y que nunca pasó un día en prisión, describió durante más de cuatro horas cómo corrompían a las más altas esferas gubernamentales de México.

«El Rey», quien controlaba la actividad del cartel de Sinaloa en Ciudad de México, contó que pagaba personalmente sobornos al comandante de la Procuraduría General de la República, a la Policía Federal de Caminos, que controla puentes y aeropuertos, a la Policía Judicial Federal, a «autoridades militares» y «a la Interpol también».

El cartel controlaba varios estados, y en estos sobornaban «principalmente al gobernador, al procurador y al director de la policía federal y municipal».

«Los sobornos para funcionarios en Ciudad de México eran de unos US$300 mil por mes», afirmó al jurado Jesús Zambada, de 57 años, que vestía uniforme azul de presidiario y camiseta naranja.

Asimismo, dijo que pagó una coima en 2004 de US$100 mil al general Gilberto Toledano, a cargo del estado de Guerrero, a pedido de «el Chapo».

«Yo iba a importar cocaína de Colombia por el estado de Guerrero (…) y ‘el Chapo’ me dijo ‘ahí está el general Toledano, es amigo mío, vaya a verlo y dele US$100 mil de mi parte'», contó.

Asimismo, relató cómo su hermano «el Mayo» Zambada, próximo al capo Amado Carrillo Fuentes, decidió abandonar el cartel de Tijuana y asociarse con Guzmán Loera y Juan José «el Azul» Esparragoza. Los cuatro se convertirían en los mayores líderes del cartel de Sinaloa.

Y cómo entraron en una violenta guerra con el cartel de Tijuana, que quería absoluto control de esa frontera.

Extraditado a Estados Unidos hace 22 meses, «el Chapo» Guzmán, de 61 años, es acusado de enviar más de 155 toneladas de cocaína a Estados Unidos durante un cuarto de siglo. Su proceso durará más de cuatro meses. Si es hallado culpable, podría ser condenado a cadena perpetua.

Un reguero de muertos

El testigo recordó una noche fatal de 1992 en una discoteca de Puerto Vallarta llamada Christine’s. Dijo que su hermano Ismael le había advertido que «el Chapo» quería matar allí a Ramón Arellano Félix, jefe de los sicarios del cartel de Tijuana. Su intento fracasó, pero dejó un reguero de muertos, entre pistoleros del cartel de Tijuana y clientes del lugar.

En 1993, el cardenal Juan José Posadas fue asesinado en el aeropuerto de Guadalajara. Según «el Rey», Esparragoza le dijo que los autores fueron Ramón Arellano Félix y sus sicarios, y que el verdadero blanco era «el Chapo», que debía viajar y se dirigía al aeropuerto en un coche de la misma marca. Pero el gobierno mexicano acusó a Guzmán Loera del asesinato, y este se escapó a Guatemala, donde ese mismo año fue detenido por primera vez.

Jesús Zambada aseguró que él no mató a nadie, pero que en 1994 o 1995 dos sicarios de los Arellano Félix intentaron asesinarlo en una tienda. Le dispararon y le abrieron «una zanja» en la cabeza.

«Caí al suelo, pero no quedé inconsciente. Salté con mi pistola en la mano y comencé a luchar. Se sorprendieron porque pensaron que yo estaba muerto», contó «el Rey», que hirió a uno de ellos.

Ramón Arellano Félix fue asesinado por «el Chapo» en 2002, según «el Rey», con ayuda de la Policía, que quiso detener su automóvil, sin éxito. Finalmente se bajó frente a un hotel de Mazatlán, Sinaloa, comenzó a correr «y le pusieron un balazo en la nuca».

Jesús Zambada contó que en 2005, en una reunión en las montañas de Sinaloa, el acusado le dijo «que si algo le daba gusto en la vida era haber matado a Ramón Arellano Félix».

El testigo puede ser condenado a cadena perpetua por sus crímenes. A cambio de su colaboración, la fiscalía pedirá al juez que reduzca su pena y ya le ayudó a traer a su familia a Estados Unidos «para que no sufran atentados contra su vida», según contó el propio Zambada al jurado.

«El Chapo», de traje oscuro y corbata, escuchó con atención y rostro inexpresivo el relato de su exaliado. Antes de abandonar la sala, Zambada le dirigió una tímida sonrisa.

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