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De prisionero a empresario

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27 diciembre, 2018 Carroll Rios

El exnarcotraficante Ralphy Domínguez, apresado en Nueva York, tuvo la fortuna de ser rehabilitado por Refoundry, una ONG basada en Brooklyn, Estados Unidos. Ahora es dueño de un negocio de artículos de cuero, Pen & Pistol. Gene Manigo entró a la cárcel en 1984 y salió en el 2014; al salir, no encontró un trabajo honrado debido a su récord como exreo. A través de Refoundry, aprendió a fabricar muebles con piezas de madera descartada e inició su propio negocio.

El trabajo de esta fundación es descrito en un artículo publicado en www.refoundry.org y se enfoca en rehabilitación de antiguos prisioneros a través de capacitación y educación. “Intentamos romper el ciclo de pobreza y de encarcelamiento creando oportunidades profesionales en el largo plazo para exconvictos, para que alcancen independencia financiera y lleven vidas llenas de propósito”.

Estados Unidos está urgido de proyectos como este: el 25 por ciento  de la población total está privada de libertad. El gobierno eroga US$80 mil millones al año para mantener a los prisioneros, y US$1 billón en asuntos de justicia criminal. La mayoría de personas liberadas reinciden y vuelven a ser capturados.

Los ex reos saben que a través del emprendimiento solo pueden ganar.

“No tenemos nada, pero tenemos el espíritu y la sed para emprender. Creo que esto es lo que realmente motiva a quienes regresan a casa cuando salen de la prisión”, explica  Domínguez.

Es iluso anhelar que los reos se conviertan sin ningún tipo de orientación, expresa el Centro para Emprendedores, del Reino Unido. Además, es un desperdicio de capital humano y de recursos gubernamentales aislar del mundo a personas potencialmente productivas.

Los prisioneros hacen buenos empresarios, sostiene Andrew Medal, un exreo y fundador de un negocio millonario reseñado en la revista Entrepreneur. (8-VI-18) Medal ofrece tres características que hacen que el reo sea capaz de emprender: 1) saben ser ahorrativos, 2) están cómodos en situaciones desconocidas, y 3) saben retar las convenciones.  Normalmente “las cárceles no rehabilitan; crean escenarios que llevan a los prisioneros al fracaso,” escribe Medal. O regresan al crimen, o se vuelven empresarios.

En agosto nos enteramos que fueron censados más de 24 mil reos en 21 cárceles en Guatemala. Algunos estiman que hasta un 90 por ciento de las extorsiones se originan desde las cárceles y que la prisión tiende a corromper más. El sistema penitenciario atraviesa una de sus peores crisis, leemos en la “Política Nacional de Reforma Penitenciaria 2014-2024, Rehabilitación para la paz social”, del Ministerio de Gobernación.  El estigma pospenitenciario es una realidad reconocida por el informe.  Y aunque el plan incluye como un objetivo “articular a la empresa privada con los programas de inserción social”, no especifica cómo la capacitación para el emprendimiento puede ser una herramienta para provocar la duradera reinserción a la sociedad.

“En última instancia,” dicen los fundadores de Refoundry, “no se trata solo de conseguir un ingreso decente u ofrecer al reo una vida de paz y estabilidad. Se trata de una auténtica y completa rehabilitación espiritual y social…” La dignidad humana no viene solo de recibir un trato medianamente respetuoso de los carceleros, sino de transformar la propia vida de una propensión destructiva a una constructiva. “Lo que se siente bien es que yo estoy dando algo de vuelta [con mis muebles],” explica Gene Manigo.

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