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¿Cuál estabilidad y paz social?

25 marzo, 2017 Estuardo Gasparico

como cada semana, más guatemaltecos murieron debido a la incapacidad del estado para garantizar el derecho a la seguridad.

Guatemala nunca ha sido un paraíso, lo que saben y asumen hasta los más optimistas. Sin embargo, tras todo tipo de caídas y obstáculos, la población trata de reponerse y de seguir adelante con la confianza puesta en que la situación va a mejorar y que tarde o temprano, alcanzaremos el desarrollo, la tranquilidad y el bienestar social.

Por supuesto que no pueden decir lo mismo todas las familias que a diario resultan afectadas por la violencia, la criminalidad, la corrupción y la impunidad que ya parecen ser la regla y no la excepción en el diario acontecer nacional.

Como ejemplo, cada semana somos testigos de que la ingobernabilidad se apropia de todas las instituciones del Estado, mientras los funcionarios encargados de garantizar la vida, la propiedad y la seguridad de los guatemaltecos decentes, lo único que saben hacer es dar muestras de incapacidad, ineptitud, conformismo y cobardía.

En menos de dos semanas, dos centros de acogida para menores, independientemente de que estuviesen en conflicto con la ley o no, fueron escenarios de disturbios que cobraron la vida de decenas de niñas en un caso, y de varios docentes-instructores, en otro.

Y para terminar de enviar el mensaje de quién manda en este país, fue atacada una serie de estaciones y vehículos de la Policía Nacional Civil (PNC), con cauda de varios elementos abatidos y miles de quetzales perdidos en bienes comprados con recursos públicos.

Pero el colmo de este desastre es que tras las tibias acciones de las autoridades, que más parecen ceder a las exigencias de los delincuentes, en lugar de actuar de manera efectiva contra quienes cometen delitos y atentan contra la seguridad de la colectividad, el presidente, el vicepresidente y varios ministros convocan a conferencias de prensa en las que no dicen nada que no se sepa, mientras justifican un fracaso tras otro.

“No toleraremos que las estructuras criminales alteren la paz”, dijo el mandatario, olvidando que si bien el conflicto armado interno supuestamente concluyó en 1996, la ansiada paz no ha llegado nunca a una sociedad que a diario se desangra por culpa de la tolerancia estatal ante la violencia y el incumplimiento de la ley por parte de grandes y pequeños.

“Este tipo de acciones en contra de la PNC y la Secretaría de Bienestar Social, probablemente vienen de la pandilla Barrio 18”, agregó el ministro de Gobernación, Francisco Rivas, como si estuviese anunciando un gran descubrimiento.

Y lo peor: “Estamos de luto por la muerte de nuestros policías y monitores. Un policía sí vale y nos están dando cátedra de valor y de dignidad”, recalcó Morales.

¿Es decir que la vida de las niñas que murieron quemadas no valían nada? ¿O sea que la existencia de los guatemaltecos que a diario caen víctimas de la criminalidad y las extorsiones tampoco sirve?

La queja más trillada de los funcionarios ineptos cuando se enfrentan a situaciones que no pueden manejar, es que “existen muchos grupos interesados en desestabilizar al gobierno”.

Sin embargo, deberían recordar que solo se desestabiliza lo que se halla estable y eso no ocurre en Guatemala desde hace muchas décadas, así que mejor que se busquen otras frases que talvez logren engañar a la población o por lo menos, hacerle creer que todo va a mejorar en el corto plazo.

Ahora solo falta ver qué pasa la semana próxima y cuántas personas más mueren o resultan heridas, en un desfile sin fin de tragedias que nadie puede evitar porque quienes deberían hacerlo, están más ocupados buscando pretextos, en lugar de cumplir con su deber y devengar el sueldo que están cobrando por servir a la población.

 

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