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Con muro o sin él, la migración continuará

11 febrero, 2017 Carlos Menocal

La migración de guatemaltecos hacia Estados Unidos seguirá siendo un movimiento imparable, a pesar de las medidas anunciadas por el presidente de ese país, Donald Trump. El muro y el endurecimiento de las leyes migratorias no serán obstáculos para cientos de miles de guatemaltecos que escapan de la pobreza, de la marginación y la exclusión social.

Un repaso por la realidad socioeconómica refleja que los guatemaltecos ya no escapan de la violencia social o la represión de un Estado, sino lo hacen principalmente por la desigualdad y la falta de oportunidades.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2014 demuestra que 59 de cada 100 guatemaltecos viven en pobreza, es decir, más de la mitad de la población tiene un ingreso por debajo de los Q10 mil 218 al año.

Los datos son alarmantes cuando se cruzan con las edades de la población, pues resulta que más del 57 por ciento de esta tiene menos de 25 años y vive en esas condiciones socioeconómicas.

La situación es más dramática en la población indígena, pues el mismo estudio determina que 79 por ciento de ella vive con esas características. Los departamentos que según la ENCOVI registran más pobreza, son aquellos donde ocurre mayor migración. Se trata de Alta Verapaz, Baja Verapaz, Quiché, Sololá, Totonicapán, San Marcos y Huehuetenango. Todos tienen más de 65 por ciento de pobreza en su población.

En materia educativa, quienes tienen 15 años o más, apenas alcanzan los 5.6 años de estudio y en la población indígena el caso es más dramático, pues es de 4 años. Significa que si bien el país ha avanzado en alfabetismo (79.1 por ciento a nivel nacional), la mayoría de guatemaltecos no termina la educación primaria.

El drama en educación es generalizado. Más del 80 por ciento de los niños en edad preescolar no fueron inscritos en el sistema público, según la ENCOVI. La mayoría de niños llega a los siete años sin saber leer ni escribir. En educación primaria, nueve de cada diez tienen acceso a ella; en secundaria, cuatro de cada diez jóvenes entre 13 y 16 años de edad no se inscribieron; y ocho de cada diez, no pudieron matricularse en el sector universitario.

Mientras que en el empleo, las condiciones de los trabajadores son complicadas. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), al menos 6.3 millones de personas conforman la Población Económicamente Activa en Guatemala y de esas, la ENCOVI de 2014 indica que hay 4 millones 035 mil 118 que se encuentran trabajando en la economía informal, sin protección social. El INE establece que ocho de cada diez guatemaltecos que se encuentran en esas condiciones viven en el área rural con un salario de unos Q1 mil 471, datos que contrastan con el precio de la canasta básica alimentaria que –a diciembre del año pasado–, alcanzó los Q3 mil 958 mensuales.

Trump y su gobierno pueden endurecer la política migratoria y continuar la construcción del muro en la frontera con México, pero si las condiciones económicas y sociales no cambian en Guatemala, la migración continuará.

Miles de guatemaltecos desafiarán a Trump, al sistema, a los controles migratorios y se adentrarán en una experiencia que pone en riesgo sus vidas. Pero al final, ¿qué significa su vida aquí en Guatemala?: miseria, pobreza, exclusión y sin desarrollo humano.

No es tras el sueño americano que van, es tras una oportunidad mínima de desarrollo y dotar de alimentación a su familia. La historia es contrastante pues sus remesas y su historia son un rubro importante de la economía guatemalteca. El año pasado las remesas alcanzaron, según el Banco de Guatemala, US$7 mil 159 millones 967.

Por otro lado, las mafias seguirán aprovechándose de la necesidad de los migrantes de querer vivir con sus familias en Estados Unidos y los niños no acompañados, desfilarán por las rutas ilegales y peligrosas que hay hasta donde viven sus padres.

La tarea es titánica para el Estado y para la sociedad guatemalteca, que deberán construir el andamiaje económico y social para empezar a evitar la migración. La clave está en cerrar las brechas de la desigualdad, la exclusión y la inequidad

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