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Viví un asalto pero no me di cuenta #AMiMePasó

28 octubre, 2017 Anamaria Arroyo Diario Digital

Vivir en Ciudad de Guatemala es un deporte extremo, dicen algunos. Para muchos es la ciudad que llamamos hogar. Es innegable el peligro que vivimos cada día en sus calles, pero algunas situaciones no queda más que tomarlas con humor.

Un lector vivió un asalto mientras iba en su vehículo, pero no se dio cuenta. Te recuerdo que no debes de textear y conducir al mismo tiempo, al igual siempre mantener la calma en estos casos. Hugo* es quien nos comparte esta historia.

*Cambiamos nombres y editamos la historia para una mejor comprensión.

Un asalto frustrado

» Era una mañana ajetreada. Ni era mi hora de entrada laboral y ya estaba lidiando con correos, chats y situaciones que necesitaban de mi atención. Me quedé en casa un rato respondiendo correos y me atrasé para una reunión. Iba con el tiempo contado. Eso significaba que mis dos celulares estaban vibrando a más no poder.

Intenté mantenerme con la cabeza en la calle, sin quitar mis manos del volante e ir lo más rápido que pudiera en el tráfico mañanero. Estaba un poco distraído, lo admito, pero necesitaba llegar y la fila no avanzaba.

En eso, me di cuenta de que había un choque. Como no me movería por un rato decidí responderle a mi jefe para avisarle que estaba en camino pero quizá me atrasaría. Mientras veía el teléfono, me entraron otros mensajes y comencé a responder en lo que se movía la cola.

Me entretuve tanto respondiendo que no sentí a la moto que se puso a la par mía, ni escuché el golpeteo en la ventana con la pistola. Me estaban asaltando pero como estaba tan absorto en los mensajes no me di cuenta.

Un asalto frustrado
Ilustración Walter Wirtz

Mira también: Quería mi celular pero terminé negociando con el ladrón

Escuché una bocina atrás, levanté la mirada para darme cuenta que la fila avanzaba frente a mi carro y a dos tipos en una moto a la par de mi ventana. Lo que vi fue al copiloto apuntándome con la pistola y al conductor alejándose para continuar su camino.

Yo no me moví, porque mi cerebro no terminaba de entender lo que pasaba. Volvieron a pitar y entonces visualice la situación. Quizá el piloto de la moto no sabía lo que pasaba o pensó que ya me habían quitado mis pertenencias, pero simplemente se alejó, con el chavo guardándose el arma como podía.

Seguí mi camino, llegué a mi reunión sano y salvo, aún sin procesar el intento de asalto del que fue víctima».

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