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AMiMePasó: La vez que me invitaron, pero me terminé invitando yo

2 septiembre, 2017 Anamaria Arroyo Diario Digital

Las personas solteras saben que las citas no son tan sencillas como parecen. Las historias de salidas con intereses amorosos puede ser cómicas, tristes o frustrantes, como la que les contaré.

La persona que nos comparte esta historia nos comenta que no fue una relación muy duradera y quizá esta “cita” haya sido el motivo. *Los nombres fueron cambiados por cuestiones de privacidad.

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“Salía con un Edgar* hace un par de años. Estaba en una mala etapa de mi vida, entonces me quiso alegrar. Me llamó y me dijo: “te invito a almorzar. Donde tu quieras”. El vive en carretera a El Salvador, en ese entonces no tenía carro, así que tomé un bus extraurbano para encontrarnos en un centro comercial del sector.

Ilustración: Walter Wirtz

Al llegar ordené mi comida y el comenzó a hacer muecas de desagrado. No pidió nada, ni vió al menú. Le pregunté si ya había almorzado y Edgar dijo: “no pensé que fueramos a comer, así que solo saqué Q50 de mi casa y aún tengo que ponerle gasolina a mi carro antes de irnos”.

No me malinterpreten. No me molesta pagar por la comida, mientras que desde un principio estemos claros en ello, pero me confié cuand dijo “te invito a almorzar”. Me dio pena comer sola así que le dije: “no te preocupes, yo pago, pero me invitas al helado, ¿eh?”. Me respondió que sí de mala gana.

Ilustración: Walter Wirtz

Pidió el menú, buscó que comer. Nada se le antojaba, pues es un melindroso orgulloso. Al fin pidió una sopa de tomate. Comimos y nos fuimos a caminar al centro comercial. Me compró el helado más pequeño que encontró.

Edgar se quedó dormido por casi media hora en la banca que nos sentamos. Le dije: “vete a tu casa, yo tomo un bus de regreso, aquí está la parada cerca”. “No, quédate. Dame 5 minutos, yo te llevo”, respondió.  Así que me quedé, pensando que me llevaría a casa.

Ilustración: Walter Wirtz

Finalmente le dije: “es tarde y ya no voy a encontrar bus”. Se despierta y ya en el carro me dijo “bueno, ¿en qué parada te dejo?“. Vivo al otro lado de la ciudad y ya era noche. Le pedí que me dejara en zona 15 y volvió a hacer caras, como que si tuviera que hacer un gran viaje.

Finalmente accedió y tuve que llamar a a mi mamá para que llegara por mi porque, como supuse, ya no habían buses. 

Ilustración: Walter WirtzPa

Nunca volví a ver a Edgar. Quería devolverle algo que me había prestado y me hizo “ghosting”. Lo bloquee poco después”.

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