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20 años del mercado eléctrico en Guatemala

10 marzo, 2017 Redaccion Contrapoder

Por Carlos Colom Bickford.

A inicios de la década de los noventa, Guatemala enfrentaba racionamientos diarios de energía, debido a que el Estado no había invertido en la construcción de nuevas plantas de generación y en líneas de transmisión y distribución de energía. Además, la forma como se producía la energía eléctrica estaba poco diversificada. La generación de electricidad dependía de combustibles fósiles derivados del petróleo, algo con poco sentido en un país con la abundancia de recursos renovables como Guatemala. El tercer elemento relacionado con la crisis era que las tarifas de electricidad se fijaban de manera política. Es decir que estas no reflejaban los costos reales de generar, transportar y distribuir la electricidad, haciendo insostenible el funcionamiento del sector. Adicionalmente, en ese entonces la cobertura eléctrica solo alcanzaba a 4 de cada 10 guatemaltecos.

La evidencia de que el modelo había fracasado, y aceptar que un pilar fundamental para el desarrollo del país era el desarrollo de un sector eléctrico eficiente, hizo que hace poco más de 20 años se comenzara a discutir sobre cómo modernizar el funcionamiento del sector. Las discusiones técnicas dieron como resultado la aprobación de la Ley General de Electricidad, en el año 1996. Junto a actores nacionales, participaron expertos internacionales que traían a la mesa las mejores prácticas y lecciones aprendidas en los mercados eléctricos más eficientes del mundo. Esto dio como resultado la implementación de una ley que hoy es reconocida a nivel internacional, que fomenta la competencia y la eficiencia, y que ha generado institucionalidad y la operación eficiente del mercado eléctrico en el país.

Hoy, 20 años después de la aprobación de la Ley General de Electricidad, se ha logrado que los racionamientos sean cosa del pasado. Es más, prácticamente tenemos el doble de oferta de energía eléctrica en relación con la demanda. Además, tenemos una matriz energética diversificada, donde más del 60 por ciento se genera mediante el uso eficiente y racional de recursos renovables disponibles en nuestro país y esto se complementa con el uso de tecnologías que también son muy importantes para el funcionamiento del sistema eléctrico. En un mundo en donde la mayoría de productos sube de precio, la tarifa de referencia de electricidad ha bajado cerca del 50 por ciento en menos de cuatro años. Hoy en día, la cobertura eléctrica alcanza a 9 de cada 10 guatemaltecos. Con el nuevo modelo, el ritmo de electrificación llegó a ser de más de 50 mil viviendas por año, mientras que en los 25 años previos a la reforma, era aproximadamente de 5 mil.

La pregunta entonces, es: ¿existen evidencias que muestren que hemos avanzado positivamente? La respuesta es obvio: sí se ha avanzado. Lo lógico es que cuidemos lo que se ha logrado edificar en estos 20 años. La siguiente pregunta es: ¿existen todavía cosas qué mejorar y retos por delante? La respuesta también es evidente y es que sí, hay cosas por mejorar. Lo lógico es que para solucionar los problemas, nos enfoquemos en las acciones que más impacto tendrían en la mejora de vida de los guatemaltecos. Este enfoque en buscar soluciones debe de ser práctico, técnico y transparente, y debe dejar por fuera temas políticos e ideológicos, si se quiere construir un mejor futuro. También es importante aprender del pasado y evitar aplicar medicinas que no curan la enfermedad.

Dos acciones de alto impacto, que ayudarían a mejorar la calidad de vida de millones de guatemaltecos, son: Acción 1: las corporaciones municipales, en todos los municipios donde la tasa de alumbrado público se cobra a través de un monto fijo, emiten una resolución en donde se cambia a un mecanismo de cobro de manera porcentual. Esto también puede ser por la vía de una ley aprobada por el Congreso. Resultado: el que menos consume paga menos y el que más consume, paga más, con lo que se elimina la grave distorsión que hoy existe, en donde la mayoría de la gente en el interior del país paga más por alumbrado público que por consumo de electricidad. Acción 2: se reactiva y empuja con agresividad el Plan de Electrificación Rural, dotándolo de fondos por parte del Estado, haciendo alianzas con la banca multilateral, con las distribuidoras de energía, municipalidades y Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes). Adicionalmente, se desentrampa el Plan de Expansión de la Transmisión, que ya se encuentra en ejecución. Resultado: miles de familias que aún no cuentan con acceso a la energía eléctrica, lo podrían tener.

Es urgente que nos enfoquemos en enfrentar proactiva y constructivamente los retos que tenemos por delante, así como es fundamental que lo que se ha logrado construir en los últimos 20 años, se respete y se cuide. Construyendo y viendo hacia el futuro ganamos todos, destruyendo y retrocediendo en el tiempo, no gana nadie.

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